Qué mencionó Obama

Obama ante el Congreso

Obama ante el Congreso

La escasa mención que hizo el Presidente Barack Obama de la reforma migratoria durante su primer informe sobre el Estado de la Unión, dejó mucho que desear entre activistas hispanos. Esperaban mayor compromiso y recibieron una escueta mención para que el Congreso retome el debate, por ahora sin fecha en la agenda 2010.

Obama habló principalmente de economía, de seguridad, la guerra contra el terrorismo, Irak, Afganistán, Corea del Norte y la devastación de Haití tras el terremoto del 12 de enero que destruyó Puerto Príncipe. Y en el minuto 64 dedicó un par de segundos a la reforma migratoria. No dijo mucho, pero para algunos fue suficiente.

“Deberíamos continuar el trabajo de arreglar nuestro fallido sistema migratorio, de garantizar la seguridad en la frontera, hacer cumplir nuestras leyes y asegurarnos de que cada persona que sigue las reglas puede contribuir a nuestra economía y enriquecer a nuestra nación”, mencionó. Activistas señalaron que esperaban que el presidente ahondara en el asunto, que citara la importancia del apoyo bipartidista en el proyecto de reforma migratoria y que se pusieran de acuerdo, pronto, para aprobar en los primeros meses de 2010 un plan que incluya una vía de legalización para indocumentados. Pero no lo dijo.

Obama citó el tema como parte de una urgencia para que el legislativo cambie la actual ley y la renueve bajo una premisa de justicia.

Entre 2005 y lo que va de 2010 el tema de la reforma migratoria se ha paseado decenas de veces por los pasillos y oficinas del Congreso. La lista de intentos de debate ya tiene varias páginas y es probable que siga creciendo en el curso de los próximos meses a menos que, esta vez, los legisladores se pongan de acuerdo para legalizar a los casi 12 millones de indocumentados.

“Esperábamos más”

La mención del tema generó una tibia reacción entre activistas de organizaciones hispanas, quienes notaron una mención pobre, menor a lo esperado.

“Pienso que definitivamente fue una proclamación muy débil de inmigración”, dijo a Univision.com Vanessa Cárdenas, directora del Proyecto 2042 del American Progress, en Washington DC. “Esperábamos mas del Presidente esta noche”.

Agregó que “esta oración no manifiesta el compromiso que queríamos ver (de Obama). No hubo una palabra afirmativa. Hay otras prioridades. De cierta forma nos decepcionó. No veo cómo vamos a apoyarlos en noviembre si no hay un compromiso concreto con la reforma migratoria”.

“Tienen que demostrar que están haciendo algo. La reforma migratoria es viable, pero es necesario un liderazgo más efectivo sobre el tema”, dijo.

Oportunidad perdida

Clarissa Martínez de Castro, directora de Inmigración y campañas nacionales del Consejo Nacional de La Raza (NCLR), indicó que para la comunidad hispanos “las cuestiones más importantes en estos momentos es la economía y la creación de trabajos”, y que el informe se basó precisamente en esos temas.

Sin embargo, dijo que “creo que en la cuestión de inmigración, (el Presidente) perdió una oportunidad de citar que la reforma ayudará a la recuperación de la economía de Estados Unidos”.

“Este tipo de discursos es una enumeración de la agenda. Pero dejó la puerta abierta. Vamos a seguir trabajando para que se haga realidad la reforma migratoria, pero también vamos a seguir trabajando para que nos rindan cuentas sobre quiénes obstaculizan y quienes apoyan el debate de la reforma migratoria”, sentenció.

Frank Sharry, director ejecutivo de America´s Voice, indicó que “en lugar de evadirla, la reforma migratoria debería ser vista por los legisladores de ambos partidos como algo asequible. Resolver este asunto supondrá beneficios reales para todos los estadounidenses”.

Para Jorge-Mario Cabrera, director de Comunicaciones de la Coalition for Humane Immigrant Rights of Los Ángeles (CHIRLA), la mención del tema de la reforma migratoria por parte de Obama, aunque sea unos segundos, puso el tema en el tapete y exhortó al Congreso a que “se ponga a trabajar” en el asunto.

Agregó que como parte del plan de vigorizar la economía, “el Congreso debe aprobar una legislación que beneficie a los trabajadores, al comercio y a los contribuyentes”, y señaló que es imposible que se pueda construir una economía dinámica “sobre un sistema de leyes migratorias que se derrumba”.

Sin embargo advirtió que si la reforma migratoria no es aprobada “nos arriesgamos a que ésta crisis humana (de los casi 12 millones de indocumentados) empeore”.

“Cientos de comunidades en todo el país están listas para trabajar con el Congreso”, indicó. “La reforma migratoria presenta una oportunidad óptima para que los miembros de ambos partidos colaboren en pro del bien común”.

Hechos, no palabras

Respecto a si es tiempo o no de cambiar las leyes de inmigración, Cabrera dijo que la reforma migratoria tiene sentido y que los votantes estadounidenses “por mayoría, aceptan que se apruebe una solución humana y pragmática”.

“Los votantes latinos y los inmigrantes, en particular, recuerdan la promesa que nos hiciera el Presidente y los miembros del Congreso en 2008. Como miembros de la campaña Reforma Migratoria Pro América, CHIRLA y más de 700 organizaciones les tomaremos la palabra. Nuestra petición es que nos cumplan con hechos, no sólo nos ofrezcan palabras bonitas”.

“El Presidente ha establecido las reglas del juego y su plan incluye una reforma integral a las leyes de inmigración. Ahora es momento de que tanto él como el Congreso se suban las mangas de la camisa y se pongan a trabajar”, precisó.

Año electoral

El grupo Reforma Migratoria Pro-America lleva casi ocho meses enviando al Congreso de mensajes a favor de una reforma migratoria amplia y tiene la meta de inundar las plantas telefónicas del legislativo. Según ellos, si no se consigue un acuerdo bipartidista y le ponen luz verde a la reforma migratoria, es probable que en los comicios de medio tiempo del primer martes de noviembre próximo, cuando los estadounidenses acudan a las urnas para renovar la mitad del Congreso, le retiren el respaldo al Presidente Barack Obama y a su partido, el demócrata, y se lo entreguen nuevamente a los republicanos como en el 2000.

Ahora bien. Si eso ocurre, ¿qué garantiza que habrá reforma migratoria en el 2011 o el 2012? Unos piensan que si el intento de aprobar una nueva ley fracasa, el futuro de los casi 12 millones de indocumentados se volverá incierto y es probable que el gobierno federal incremente redadas y deportaciones. Otros confían en que Obama tiene peso político suficiente para convencer al Congreso y cumplir su promesa de campaña, de legalizar a los indocumentados que carecen de antecedentes criminales, pagan impuestos, hablan inglés, cancelen una multa y se pongan al final de la cola para recibir una visa de residencia.

Pero ninguna de las dos opciones está garantizada. Por esa razón el país sigue tan dividido como en las elecciones de 2000, 2004, 2006 y 2008, con la excepción que esta vez la Casa Blanca se comprometió llegar hasta el final por una sola y poderosa razón: los demócratas recuperaron el control del país -presidencia, gobernaciones y ambas cámaras del Congreso- gracias al voto hispano. ¿Por qué? Porque los hispanos son el grupo minoritario que más indocumentados tiene en Estados Unidos y es el segmento de votantes que más creció en los últimos años.

Para el Obispo John Wester, líder de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB), el Congreso tiene que ofrecer este año una vía para la legalización de los cerca de 12 millones de indocumentados que se calcula viven en el país, y que la solución debe ser “humana e integral”.

Por “humano” e “integral” se entiende un proceso justo que garantice que los extranjeros sin papeles que no tienen antecedentes criminales y pagan impuestos, entre una larga lista de requisitos, soliciten la residencia, y que durante el proceso de fichaje y espera de una visa tendrán permiso de trabajo y no serán arrestados y deportados de Estados Unidos.

Un plan similar ofreció Obama en 2008 cuando era candidato, el que fue ratificado el 20 de enero de 2009, el mismo día que juramentó como el 44 presidente de Estados Unidos. Dijo que lo iba a hacer en el primer año de mandato, pero la extensión en el debate de otros asuntos urgentes, como la economía, obligaron a la Casa Blanca a postergar el compromiso para los primeros meses de 2010.

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